¿Y qué pasaría por mi cabeza? Tanta atención me aturdía.
Entonces comprendí que aquellos nervios se convertían de apoco en sentimientos. Debía ser así, como un proceso respetable, que tomaría su tiempo en aflorar en mi. Mi oscura, extraña y fría forma de ver todo tenía que hacerse un lado para dejar pasar nuevas experiencias.
"Ya para con todo pequeña, él ya no volverá", fue lo que me dije a mi misma antes de concretar todo por completo. Dije adiós mil veces, pero nunca me atreví a cruzar la puerta. ¿Ya era hora? Me asustaba la idea, era una nueva montaña rusa de sentimientos atacando.
Como siempre, cuando te decides en algo que pensaste mucho, luego es muy tarde. El problema conmigo es la expectativa que tengo con las cosas, a veces las quiero lentas, me asusta el proceso, pero luego, al querer algo rápido, todo se va al diablo. Mi cabeza no está conectada con el ritmo del mundo real.
Es claro que no puedo ver el futuro y decidir como pasarán las cosas, tal control es tan específico y delicado que no puede estar en mis manos. Pero entonces, ¿Cómo van a pasar las cosas? Mi ilusión creció con las palabras más sencillas, activé mi cerebro en modo love on, pero creo que cometí un gravísimo error.
El tiempo, maldito tiempo, ¿Cuándo me vas a traer algo bueno?






