
* Esta historia explicará el origen de los amores imposibles y del porque todavía hay algunos que odiamos la primavera… *
Hubo un tiempo en el que existía una joven llamada Riza que vivía en el bosque, no le gustaba salir pues era huérfana y nadie la quería en el pueblo. Al menos eso pensaba ella. Se burlaban de ella siempre, pero algunos la llamaban: “La Princesa Primavera”.
Pasó el tiempo, y como cualquier persona ella partió de este mundo, pero ella no era cualquiera y su alma se reencarnó en la Naturaleza. Y ella se prometió a sí misma proteger el bosque que la acogió.
Una noche (Como cualquier otra), en aquel bosque, mientras ella daba un paseo, llegó una oscuridad muy profunda. Era: ‘La Niebla’. Esta ‘Niebla’ marchitaba flores y asustaba animales a su paso, la Naturaleza enojada lo quiso echar. Se acercó y se dio cuenta de que era un chico.
- ¿Él es la niebla?- Se preguntó.
Ella se imaginaba a un tipo horrendo o algo así, pero él parecía simpático. Era Luna Llena y la ‘Niebla’ impedía verla, así que decidida se acercó y le dijo:
- Tú tienes que irte.
Él volteó a verla y frunciendo el seño le dijo:
- ¡Pues no me quiero ir!
- Pero… Tú…- ella iba ha echarlo, pero él la interrumpió.
- No me quiero ir todavía…- dijo el, parecía querer llorar, ella estaba sorprendida.
- No quería hacerte llorar, perdona.- dijo ella dulcemente.
- No fuiste tú,- él trataba de disimular, pero una lágrima corrió por su mejilla- Se que no debo estar aquí. ¿Tú eres la Naturaleza, verdad?
- Sí,- dijo ella, se acercó un poco más- ¿Qué te pasa, Niebla?
- No creo que te importe mucho, son cosas mías…- dijo él, ya más tranquilo.
- Quizás si me dices,- dijo ella con una sonrisa- te puedas quedar un rato más.
- Esta bien.- dijo la ‘Niebla’.
Al fin, los dos sonreían, y frente a un lago ‘Niebla’ le contaría su historia:
- Sabes, yo solía ser un joven de clase alta y mi nombre era Kurt. Vivía en el pueblo cerca de este bosque. Se corría los rumores de una chica de nombre Riza vivía aquí, todos decían que ella estaba loca, pero yo siempre quise encontrarla aquí. Un día, me decidí venir. Me dije a mí mismo que me acercaría a ella, pues pensaba en ella aunque no la conocía. Y la vi, a lo lejos, con un vestido cubierto de flores… Era bella.- suspiró- No podía creerlo, la tenía casi frente a mí. Huí ese día, pero me juré a mi mismo encontrarla de nuevo.
- Pero,- dijo la Naturaleza- no volviste a este bosque ¿Verdad?
- Tenía miedo que me rechazará, pero siempre me gustó mucho y te lo juró nunca la olvidé.- él miró hacia la Luna Llena que iluminaba el lago.
- ¿Te casaste con otra?- dijo ella bajando su mirada.
- Lamentablemente, sí- dijo él, luego suspiró- si tan solo hubiera sido más valiente…
- ¡No! Digo… Cualquiera le tiene miedo al rechazo, Digo…- ella trataba de subirle el ánimo, no quería verlo llorar.
Se miraron a los ojos, la Luna iluminaba sus miradas, surgió una conexión. Ellos no estaban seguros de lo que pasaba. Pero mientras pasaba el tiempo, miles de plantas se marchitaban por la asfixiante ‘Niebla’.
Estaban recostados observando la Luna Llena, entonces ella volteó al costado y vio una flor marchitándose lentamente. Ella sorprendida se pone de pie.
- ¿Qué pasa?- dice él sorprendido.
- Lo había olvidado por completo…- ella lo miró- ¡Estás matando mi bosque!
- ¿Yo?- dijo él- Bueno, entonces tendré que irme para siempre…
- ¡No!- ella cogió su mano- Espera, no quiero que te vayas.
Se miraron nuevamente, todo son miradas. ¿Qué hacer? Una cosa es cierta para ella: ‘El amor es ciego’.
- Pero,- dijo él, rompiendo el silencio- es Primavera, si se marchitan las flores…
- Ya no me importa eso…- dijo ella y él vio una lágrima correr por su mejilla- No quiero estar sola esta noche de Luna Llena.
Las consecuencias de este amor son fatales. Esa misma noche, poco a poco el bosque se fue apagando… Silenciosamente junto con ella.
- Estás muy débil.- le dijo él, mientras se recostaba a su lado.
- Eso…- dijo ella muy débil- ya no me importa… Quédate conmigo…
Él estaba muy confundido, pensaba:” ¿Por qué esta haciendo esto? Ella se está marchitando junto al bosque…”
Después de una larga noche, ella cerró sus ojos y le susurró al oído:
- Te amo...
Él sabía que ella no se levantaría de nuevo. Se encontraba muy confundido. La vio de nuevo, antes de que su alma desapareciera para reencarnarse de nuevo, entonces se dio cuenta:
- ¡Tú eras Riza!- dijo entre sollozos- ¡No me lo dijiste! ¡Por qué no me lo dijiste!
Él destrozado, lleno de culpa, se quedó en el bosque, como alma en pena, y cada primavera llora por su amada, su amor imposible a la Luz de la Luna Llena…